El fútbol y éste país

"Hace ahora casi un lustro, servidor tuvo la oportunidad de conversar de tú a tú con el hoy vilipendiado Seleccionador Nacional. Fue una conversación breve, diez o quince minutos, y más que una conversación fue un monólogo, porque hay que tener una temeridad muy grande y una vergüenza muy pequeña para interrumpir a alguien como Luis cuando se está hablando de fútbol. Me contó sobre Torres, sobre aquel Atleti, sobre aquel Barça y también sobre los periodistas deportivos. Ese gremio al que todavía respeto gracias a sus contadas excepciones.

Yo, alma cándida y mortal, me retiré de aquella conversación pensando que debían quedar pocas personas en este país que supieran más de fútbol que don Luis Aragonés. Por eso y porque él, amen de su dilatada carrera, para mí es una leyenda, yo me alegré horrores de su designación como capitán de ese naufragio llamado España. Después de lo que estos ojos habían visto, me parecía el seleccionador con más peso de los últimos, no sé, treinta años tal vez, y estaba seguro de que por fin, llevaría a este equipo a buen puerto.

Todo empezó como una balsa de aceite. Él a lo suyo y los demás haciéndole el baile. Sacó aquello de la roja, algo que se utiliza ahora con naturalidad, subió a los jóvenes, quitó a Torres cuando lo tuvo que quitar, y a Joaquín, y a tantos otros. Hasta quitó a la vaca más sagrada de la historia del fútbol español -Raúl- cuando todos sabían que no estaba para jugar pero nadie se atrevía ni siquiera a decirlo. Y luego los volvió a poner, cuando tuvo que hacerlo, incluso a los que habían hablado mucho y mal, en un acto de vileza y de inmadurez, como fue el caso del magnífico extremo del Puerto de Santamaría.

Habló de idiosincrasias y nominó la palabra técnica. Dijo que ese debía ser nuestra idea, nuestro concepto. Y trabajó en torno a él. Pero claro, ¿qué es todo eso? Imagino que banalidades para esta prensa cada vez más amarilla y menos deportiva, cada vez más poderosa y vil a la que solo y exclusivamente le interesa vender periódicos a cualquier costa. Y lo digo sin tapujos.

Luego vino el mundial del que la gente solo recuerda aquel dimitir sin dimitir pero hubo muchas más cosas en aquel ya lejano mundial. Y el partido de Irlanda del Norte, aquel que le arrojó definitivamente a los pies de los caballos y del que solo recordamos, claro, el resultado final.

Y ahora, con la clasificación para el Europeo en el aire pero mejor situados que otras selecciones campeonas del mundo, parece que lo último que interesa en este país es precisamente eso, lo más importante, la clasificación. Esos medios hipócritas que piden sistemática y mezquinamente la cabeza del Sabio pregonando en bajito que lo importante es la clasificación, lo único que quieren es la sangre de la dimisión, el oprobio de la destitución para así, entre portada y portada del Madrid, seguir vendiendo sus periódicos.

Sí, ya sé que vengo perfectamente disfrazado de abogado del diablo, pero en un ejercicio de responsabilidad, de imparcialidad, yo también reconoceré que Luis haya tenido sus errores. Algunos más graves que otros. Pero para mí eso no justifica el maremagnun con el que me he encontrado a mi regreso a España después de un mes de retiro europeo, alejado de dimes y diretes.

Y quiero gritar desde esta humilde tribuna que me siento ultrajado y avergonzado por esta infame campaña que más allá de atentar contra el seleccionador nos lleva al naufragio colectivo de esta nave, que si alguna vez tomó un rumbo, fue de la mano de Luis. Y quiero que sepan que en mi modesta opinión, en este naufragio nos afecta a todos, cada cual tiene su culpa pero la prensa se ensaña con el hombre que probablemente más sepa de fútbol de este país, ellos quieren su cabeza, y que venga otro para volver a hacerle lo mismo unos años después, como a Clemente, o a Santamaría, o a Suárez, o a Miera o a casi cada uno que ha pasado por ahí.

Y la conclusión final de todo es que ahí estamos, como siempre, en el mismo lugar de donde la historia nunca nos va a sacar. En medio de la nada, con un seleccionador ordenando remar en un sentido, con unos jugadores que no saben hacia donde remar ante el acoso y bombardeo de la prensa y con una afición igualmente vil que mira hacia otro lado.

Como causa o como efecto, no lo sé. Porque después de todo, Luis está curado de espantos, pero qué creen ustedes que puede pensar un chaval como Fernando Torres, flamante estrella del Liverpool -ya no del Atleti-, cuando oía los silbidos que le propinaba su afición vistiendo la camiseta nacional incluso después de haber marcado un gol por el simple motivo de no haber sido sustituido él en vez del otro delantero, que era del lugar. Ese es el equipo y esa es la afición que tenemos. Pero de eso no se habla porque tal vez sea demasiado duro decirnos la verdades a la cara. Tal vez eso no venda periódicos, que al fin y al cabo, es lo único que interesa a la prensa de este país."

José Luis Pineda - Cordobadeporte.com

  1. gravatar

    # by m3lkon - 11:14 p. m.

    la mayoría de los "periodistas" no son más que forofos irracionales y cizañeros profesionales

    tengo miedo del día que la selección de baloncesto no gane un torneo

    ya sabes
    en este país nos encanta criticar, aunque no tengamos ni puta idea

    salud